¿Cómo está usted, Señora?
-Oh, miserable…
-¿Miserable? Pero, ¿Por qué?
¿No se da cuenta que,
mientras que usted y yo conversamos ahora mismo,
nuestros ojos pueden percibir un nuevo día?
¿El retoño de un clavel, por ejemplo?
¿El descanso del crepúsculo esta tarde?

¿Miserable?
-Tenga un feliz día, ¡Miserable
Señora!

(1997, De mi colección poética “Inquietudes Humanas”)

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