Salí temprano de casa como cualquier otra mañana. Caminé hacia mi carro. De inmediato noté que la puerta del coche estaba sin cerrar con llave. Lo encontré extraño. Recordé haberla cerrado la noche anterior. No le di mucha importancia. Entré en el coche. Encendí el motor. Todo funcionó de maravilla. Hoy iba a ser un día fenomenal. Minutos más tarde, me encontré frente a un semáforo. La luz estaba en rojo y comenzó a parpadear coquetamente. Esperé unos segundos… unos minutos… Miré el reloj. Ya estaba tarde para el trabajo. Noté que la luz roja se volvía intermitente. Empecé a preocuparme. Los conductores de los otros coches se lanzaban sin cuidado por la intersección. Yo no. Tenía miedo de ser impactada por uno de ellos, y la luz seguía intermitente. Transcurría el tiempo. y mi paciencia comenzó a agotarse. De pronto, tuve la oportunidad de seguir recto. ¡Qué alivio!, pensé. Pero cuando proseguí el camino, un coche negro apareció de repente y me impactó violentamente. El choque fue tan violento que salí disparada por el parabrisas del coche. Negligentemente, no llevaba puesto el cinturón de seguridad, y al caer, golpeé el pavimento. El impacto fue tan fuerte que fallecí instantáneamente.
La gente que caminaba por las aceras, curiosa y asustada corrieron a ayudarme. Al verme con los sesos de fuera, gritaron despavoridos. Yo, ya muerta, podía observar sus rostros alarmados. Oía sus voces quebrantadas. Yo no sentía dolor en el cuerpo. Es más, no sentía tener cuerpo. De repente, me invadió una paz absoluta. Yo sonreía. La gente, el ruido de las ambulancias y la policía se escuchaban a lo lejos. Reflexionaba sobre lo sucedido. Todo parecía un sueño. Allí también podía ver mi Rav4 rojo hecho pedazos. “Pobrecito”, pensé. Aquí yacía yo, tendida en el suelo sangrando y sin ninguna forma de regresar a la vida. Esta se había escapado de mí segundos después de que mi cabeza hiciera contacto con el frío pavimento de la mañana.
Fue un accidente atroz. Fue un accidente de película frente a un semáforo con una luz roja intermitente. Fui la noticia del día entre los familiares, conocidos y compañeros de trabajo. Fui la noticia de primera plana del Telegram & Gazette al día siguiente. Y pensar que nunca se me pasó por la mente morir de manera inesperada, y de esta manera. ¡Qué ironía de la vida! Me convertí en una sensación viral, no en vida, sino muerta.
