El Castillo

He vivido dentro de este castillo por más de cincuenta años. Fue mi refugio a las pericias de la vida. Fue mi pan y vino. Me vio ser concebida, nacer. Observó cada etapa de mi vida abrirse como un botón de rosa. Me vio reír, llorar, enamorarme, enfermarme. Sintió cada emoción que recorrió mi alma. Fue amigo de mis amigos, y enemigos de mis enemigos. Y ahora, a medio siglo de existencia, pierde su vitalidad. Esa potencia que lo hacía resaltar sobre todas las otras casas y castillos, muestra ya rasgos de cansancio y peor, la carretera escarmentada de los años. Cada invierno, primavera, verano y otoño parecen agregar más penumbras a su delicada infraestructura. Sus cañerías, antes brillantes y fuertes, hoy en día están oxidadas. Sus ventanas, antes la envidia de la villa, ahora chillan cuando se abren o, se desmoronan al contacto de mis manos. La puerta principal, de estirpe imperial, está rajada, lastimada. Las paredes no se han quedado atrás. Éstas muestran arrugas severas, tanto dentro como en su exterior. Ya no son atractivas, juveniles, radiantes. Las columnas, antes inquebrantables, ahora tiemblan al pasar un tren a una milla de distancia. Las cortinas y los muebles huelen a humedad vieja. El techo que era su orgullo, está encanecido. Asimismo se ven espacios pelones. Era tan saludable que, el sólo verlo, da pena. He vivido en este castillo por más de cincuenta años, y cada cuarto, con específica función en el pasado, es sólo parte del recuerdo. Están en pésima condición. Las visitas del inspector aconsejan costosas reparaciones y repuestos. Es una imagen tenebrosa. Sus bellos jardines han sido estrangulados por viñas secas. Los árboles de arrayán están enfermizos. Ya no dan hojas o su rica fruta. Sus ramas están huecas. Cualquier viento que pasa las quiebra, y terminan en el suelo como almas fantasmas. Todo es un desparpajo. El cuento de oro, es hoy un cuento de brujas. Las melodías románticas y de esperanza son hoy, marchas fúnebres. El castillo prepotente ya no existe. El tiempo se ha ensañado en él, y en mí.

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1 reply

  1. La vida es un película dramática, Rosa.
    Pero cada uno de nosotros es el director de su obra.
    El castillo somos el Cast y Yo.

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