¿Cómo me explico la urgencia de querer comprar algo que no necesito? Busco una razón lógica y no la encuentro. Sin embargo, la devoradora urgencia es más fuerte que yo. La sola idea de poseer ese objeto se convierte en el centro de toda mi atención, y me sacude bruscamente. Las manos me tiemblan. La enfermedad contagiosa del “posmodernismo” está inserta en mis venas. No respeta protocolos, principios o advertencias. Su único propósito es instigar con fuerza bruta ese incontrolable deseo de consumir lo que no se necesita. Es una absurda idea de que se debe poseer, y a toda costa, incluso si tengo que dejar mi cuenta bancaria por los suelos o si tengo que justificar cada compra con mentiras baratas ante aquellos que observan mi irracional comportamiento. No soy la única, lo sé. Cada día las masas humanas crecen en los centros comerciales. Los restaurantes no dan abasto con la clientela. La compañía Apple incrementa sus ganancias en la Bolsa de Valores de manera inimaginable. Las compañías de tarjetas de crédito aumentan las líneas de crédito para que el consumidor, yo, se endeude más. Los medios de comunicación, como cómplices de la globalización, hacen su parte, creando comerciales con mensajes subliminales para atraer a personas de todas las edades. Yo, víctima de esta industria consumidora, debo estar a la altura de lo que solo existe en una mente pobre, “Más tengo, más quiero”. Porque todo es desechable o tiene fecha de vencimiento, entonces debo adquirir el último modelo, o el más bonito, o el más caro. ¡Qué ilusa soy!

Sickening Obsession

How do I explain the urgency of wanting to buy something I don’t need? I search for a logical reason and there isn’t one. However, the devouring urgency is stronger than me. The mere idea of ​​possessing that object becomes the center of all my attention, and it shakes me sharply. My hands tremble. The contagious disease of “postmodernism” is embedded in my veins. It respects no protocols, principles, or warnings. Its sole purpose is to urge with brute force that uncontrollable desire to consume what is not needed. It’s an absurd idea that one must possess, at any cost, even if I have to leave my bank account in shambles or justify each purchase with cheap lies to those who observe my irrational behavior. I’m not the only one, I know. Every day, human masses grow in shopping centers. Restaurants can’t keep up with the clientele. Apple Inc. increases its profits on the Stock Exchange unimaginably. Credit card companies raise credit lines so that the consumer, I, can get deeper into debt. The media, as accomplices of globalization, do their part, creating commercials with subliminal messages to attract people of all ages. I, a victim of this consuming industry, must live up to what only exists in a poor mind, “The more I have, the more I want.” Because everything is disposable or has an expiration date, so I must acquire the latest model, or the prettiest, or the most expensive. How naive I am!