Strangely, two souls met on a winter night. Fate made its presence felt. They glanced intensely into each other’s eyes, lost in the space of time. Their hearts were intrinsically connected, and an eternal flame suddenly burst forth, inexplicably. No words were spoken, not even a closed encounter. Suddenly, lightning struck between them. Confusion made a majestic entrance. Both lost sight of each other. Despair set in. No more enigmatic connection. No more surreal affinity. Everything was a mysterious mirage in Neverland. Nevertheless, it was not over. Both kept the eternal flame burning in their hearts for over ten long years. Ten long years! Then it happened. He found her! He knocked on her house’s door. She opened it. She was mesmerized. Frozen. No words were spoken. There was no need. He walked in. They stared into each other’s eyes. The flame burned higher than ever. Higher and higher. Fate had brought them together. Now, face to face. Trembling, he reached for her. Their lips connected. Magically, the afternoon turned into night. Time, graciously, encapsulated the moment. Two complete strangers were strangers no more. Finally, two souls were reunited! What enchantment! The eternal flame never ceased in the hearts of these soulmates.

 

Llama Eternal

Extrañamente, dos almas se encontraron en una noche de invierno. El destino hizo su presencia. Se miraron intensamente a los ojos, perdidos en el espacio del tiempo. Sus corazones estaban intrínsecamente conectados, y una llama eterna estalló de repente, inexplicablemente. No se pronunciaron palabras, ni siquiera hubo un encuentro cercano. De repente, un relámpago surgió entre ellos. La confusión hizo una entrada majestuosa. Ambos perdieron de vista al otro. Llegó la desesperación. No había más conexión enigmática. No había más afinidad surrealista. Todo era un misterioso espejismo en el País de Nunca Jamás. Sin embargo, no había terminado. Ambos mantuvieron la llama eterna ardiendo en sus corazones durante más de diez largos años. ¡Diez largos años! Entonces sucedió. ¡Él la encontró! Él golpeó la puerta de su casa. Ella la abrió. Estaba hipnotizada. Congelada. No se pronunciaron palabras. No había necesidad. Él entró. Se miraron a los ojos. La llama ardía más que nunca. Más y más alto. El destino los había reunido. Ahora, cara a cara. Temblando, él se acercó a ella. Sus labios se conectaron. Mágicamente, la tarde se convirtió en noche. El tiempo, graciosamente, encapsuló el momento. Dos completos extraños ya no lo eran más. ¡Finalmente, dos almas se reunieron! ¡Qué encantamiento! La llama eterna nunca cesó en los corazones de estos compañeros del alma.