Ahora regresas reclamando

lealtad a un amor que ya no existe.

¡Qué cómico eres!

Si en la vida lo menos estático es el amor.

Este crece, o peor, muere si no se nutre.

Y, ¡qué curioso!

El cruel invierno congela aquel mínimo detalle

que algún día tuvo significado bello o hiriente;

la primavera, juvenil y coqueta,

nos muestra alternativas de mejor prospecto;

el verano, con la sensualidad que lo caracteriza,

se encarga de euforizar nuestra piel y sangre;

y el otoño, el filósofo del cuento trágico,

al ver el dolor que este amor causa al espíritu,

lo desaparece sin dejar rastro alguno.

Así es que, te cuento que te fuiste y no volviste; y

el tiempo, el maravilloso tiempo,

se encargó de enterrar tu recuerdo.