La chica del apartamento 2A

Vivía sola. Era retraída y solitaria. Así era Ágata, y estaba contenta con su estilo de vida. Aunque durante la semana funcionaba normalmente en su trabajo de profesora de literatura en una universidad local, cuando llegaba a casa, era otra. Y es que era otra. La mujer inteligente, sistemática y cariñosa de la universidad, se transformaba en una mujer más tranquila, vaga y despegada emocionalmente de la humanidad. Sus únicos compañeros de eran dos perritos shorkies, Bernie y Coffee. Estos completaban su mundo esquivo y bohemio.

Una noche, mientras miraba la televisión, alguien tocó a la puerta principal de su apartamento. No contestó. Guardó un extenuado silencio mientras sus mascotas ladraban desbocadamente. Por suerte, las luces de la sala estaban apagadas. El volumen del televisor estaba bajo. La persona no dejaba de tocar. Era como si supiese que esta estaba ahí. Tocaría por unos diez minutos, hasta que se cansó de hacerlo. Los perritos cesaron de ladrar. Ágata se preguntó quién pudiese ser. No tenía ninguna relación sentimental con nadie. Sus pocas amistades sabían que nunca abriría la puerta sin ninguna llamada o invitación previa. Su familia vivía en Argentina. Así es que no sabía quién podría ser.

Minutos más tarde, para entonces ya  las 12:30 de la madrugada, decidió levantarse del sofá. Con cuidado, caminó a su cuarto. Todo estaba en tinieblas. Las dos mascotas la siguieron fielmente sin ruido alguno. Quitó el cubrecama y se acomodó en la cama. ¡No podía creerlo! Se estaba sintiendo presa en su propio hogar. Cómo era posible que le estuviera pasando esto. Dos horas atrás estaba tranquila mirando la televisión con Bernie y Coffee.

Pasó mucho rato para que pudiese conciliar el sueño. Todo volvió a la normalidad. A la mañana siguiente, encendió el televisor de su recámara. En cuestión de minutos se encontró nuevamente trastornada emocionalmente. El canal local de televisión anunciaba que, en el edifico 45 de la Calle Primera, un asesino en serie había asesinado a una pareja del apartamento 3A. Al parecer, el criminal se acababa de fugar de una cárcel de máxima seguridad. Huyendo, se fue a refugiar a este edificio. Según algunos inquilinos del edificio contaron que el fugitivo empezó a tocar en diferentes puertas. Nadie le abrió, solo Augusto Morelli, el guapo inquilino del apartamento 3A. La cámara de vigilancia del pasillo grabó cuando el criminal se le echó encima. Lo apuñaló veinte veces. Su esposa de inmediato llamó a la policía. No obstante, cuando estos llegaron, fue demasiado tarde. Ella también fue víctima del asesino en serie. No solo la apuñaló, también había sido violada despiadadamente.

Ágata quedó inmóvil ante la noticia. Si hubiese abierto la puerta, o preguntado quién era, no estaría viva. De pronto comprendió que, el no tener mucho roce social le había salvado la vida. Pudo haber abierto la puerta. Pudo haber sido apuñalada. Pudo ser ahora un cuerpo sin vida. Pero no fue así. Estaba viva. ¿O no?



Categories: CUENTOS, PHOTOGRAPHY

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